El rey Midas es tan rico y codicioso que se la pasa contando su enorme fortuna. Tiene palacios, carruajes y hasta más calzoncillos de los que podría usar en un año. Pero cuando el deseo de tener más y más oro se le va un poco de las manos, verá que no todo lo que brilla es una buena idea.
Una versión divertidísma del clásico mito griego, donde el oro reluce… y también puede traer muchos problemas.