No entendí nunca por qué… y me volvía chiquito… insignificante… quería que la tierra me tragase… pero un día no pude más. Una sensación extraña se apoderó de mí y “los graciosos de siempre” se asustaron. Mucho se asustaron. Y esta vez fueron ellos los que se volvieron chiquitos… insignificantes. Y no se rieron más…